martes, 26 de febrero de 2013

Do svidaniya*



Odiaba aquel lugar. Era frío, húmedo y oscuro. Le daba miedo, se sentía sola, atrapada. Necesitaba salir de allí.
-Do svidaniya pequeña – Dio media vuelta para marcharse.
-¡No! ¡Espera!
-¿Para qué quieres que espere? – Inquirió agachándose a su altura para mirarle a los ojos – No puedes cambiar el pasado Anya.
-¿Luka? – Gimoteó tratando de ponerse en pie, sin éxito. Estaba todo demasiado oscuro, y no encontraba nada en lo que apoyarse. Trastabilló y se encontró de nuevo en el suelo - ¡Luka! – Podía intuir la figura de una persona entre la penumbra, alejándose lentamente - ¡Luka vuelve!
-Olvídalo Anya. Olvídate de mí, al igual que yo me he olvidado de ti.
-¡No! ¡Luka por favor! ¡Vuelve! – Suplicó con un grito desgarrado por el dolor que la consumía por dentro. No podía retener más las lágrimas que se agolpaban en sus ojos, no podía soportar el sentimiento de culpa que le nublaba la mente y le impedía pensar con claridad. Le necesitaba, necesitaba que volviera, necesitaba pedirle perdón, entender qué había pasado. Necesitaba poder abrazarle una vez más, hundir la nariz en su cuello y escucharle decir que todo iría bien, por el simple hecho de que la quería y siempre estaría a su lado - ¡Lo prometiste!
Luka no contestó, siguió caminando en dirección contraria, negándose a escucharla. Pero aquel no era Luka, lo sabía. Sabía que no podía ser otra cosa más que un producto de su subconsciente. Pero aun así, era lo único que le quedaba, no podía perderle por segunda vez.
-¡Prometiste que cuidarías de mí!
-Y así lo hice, pequeña – Contestó su voz, envuelta en un eco que la hizo estremecer.
-¡MENTIRA! – Bramó ella al borde de la desesperación – ¡Es mentira! ¡Igual que todo lo demás! Toda esa mierda… que me querías, que estarías siempre a mi lado ¡Era todo una maldita mentira!
-Do svidaniya pequeña. Se feliz.
-¡Luka! – Sollozó temblando incontrolablemente, pero él ya no podía oírla - ¿Cómo voy a ser feliz si ya no estás a mi lado? – Susurró acurrucándose en el suelo.
Se quedó sola de nuevo. Comenzó a apreciar la penumbra que envolvía el lugar, que la envolvía a ella ocultándola del mundo, que la protegía de aquel dolor con el que aún no había aprendido a vivir, de aquel dolor con el que no aprendería a vivir nunca.


*Do svidaniya: Adiós en Ruso.

1 comentarios:

sandocan en bicicleta dijo...

como se extrañaba este lugar.
te dejo un abrazo grande amiga!

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